lunes, 21 de junio de 2010

La otra cara de Sudáfrica

En este blog, no suelo expresar mi opinión de forma tan directa como lo voy a hacer hoy, pero es un tema de actualidad, y además es algo que quería resaltar, sobre todo para invitaros a la reflexión, aunque sea unos minutos.


Hoy Sudáfrica es noticia, y mañana, y pasado, y lo será unos cuantos días más, hasta que finalice el Mundial de Fútbol.

Todos los medios de comunicación muestran la cara “más amable” de aquel territorio que hoy se nos torna cercano y aviva los sentimientos patrióticos, en ocasiones, más primitivos. La euforia y el orgullo hoy invaden una parte del mundo.
Pero, ¿qué pasa después?: Sudáfrica es uno de los territorios más pobres del planeta, y cuando toda la marea futbolística haya amainado, esa tierra se volverá anónima a nuestros ojos y ya no la recordaremos con tanta frecuencia.

Las inversiones millonarias que se han dedicado para la construcción de varios estadios deportivos dan escalofríos, pensando en la falta real que hace ese dinero en otros sectores. Sin ir más lejos, en erradicar la pobreza de ese país.
El Ministro de Finanzas de Sudáfrica, Trevor Manuel, anunció que el presupuesto destinado a los gastos en infraestructuras para la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010 se incrementaría en 9,000 millones de rands -unos 1,200 millones de dólares-. Lo que coloca esta ampliación en 17,400 millones de rands (unos 2,300 millones de dólares) la cantidad de dinero que se ha invertido para garantizar que la Copa Mundial de la FIFA celebrada en Sudáfrica sea todo un éxito. Se suman a estas cifras, otras tantas cantidades desorbitadas dedicadas a la construcción de los estadios (como el de rugby de Ellis Park -abajo en la foto-, en Johannesburgo que supuso unos 23 millones de euros aproximadamente).


No estoy en contra del fútbol como deporte, pero sí lo estoy con todo el negocio que hay detrás, y la cantidad de millones que mueve este espectáculo deportivo. El fútbol no consiste en un encuentro limpio entre deportistas de élite, ahora todo eso está embarrado y precedido de intereses económicos y de compraventas a precios escandalosos.

Barrio marginal en Soweto (Sudáfrica)

Los más “optimistas” confían en que este acontecimiento contribuirá a la mejora estructural de Sudáfrica, con la pavimentación de carreteras, red de telecomunicaciones, la ampliación de aeropuertos, construcción y mejorías en el sector turístico y hotelero… aspectos que, bajo mi punto de vista, no se sitúan por encima del derecho a una vivienda digna o el derecho a tener un plato de comida cada día (entre otros muchos derechos que de ponerlos todos aquí, me llevarían una entrada de blog). No dejan de ser importantes las redes de comunicación de un país, pero esto es un claro “empecemos la casa por el tejado”. Y si la casa se empieza por el tejado, los cimientos no serán sólidos, y acabará por desmoronarse todo.

Mi humilde crítica la hago constar hoy aquí. El egocentrismo nos corroe, nos impide ver más allá de nuestras propias narices y sobre todo, nos impide conocer lo más importante: la realidad. Y la realidad es bien distinta a las banderas de colores, las vuvuzelas y la euforia por un encuentro de 90 minutos. La pobreza asola Sudáfrica, millones de personas no sobrevivirán a ella y el gigante europeo y occidental no repara en gastos para mostrar su ostentoso poder.

Ahora, por favor, reflexionen.

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